Domingo, 27, Sep, 6:28 AM

Fuente: www.pichilemunews.cl – 14.04.2020

- Desde cuándo se empezaron a ver en nuestro balneario shows y/o espectáculos revisteriles.
- Aunque no es una interrogante que necesariamente haya que saberse con exactitud, trataremos de aproximarnos en estas horas de asueto obligado. A más de alguien le va a sorprender …..

Cuando realizamos el proyecto audiovisual “Protagonistas pichileminos cuentan su propia historia” (* 1), el año 2008, un par de pichileminos protagonistas nos refirió alguna información que, en definitiva, se acercaba más a la llegada del camuflado servicio sexual a los vecinos de Pichilemu, a través de una Patente de Alcohol que permitía el baile, donde solícitas señoritas estaban ahí para el convite …, que shows para adultos en la bohemia local.
Ello, según lo que nos refirieron esos dos pichileminos en las conversaciones preliminares, ocurrió -según recordaban- en los años '40 aproximadamente.
Conociendo parte de la historia local, que cuando se crea la Parroquia de Pichilemu -en 1953 y se nombra al primer párroco (*2)- se produce una verdadera batalla en “el púlpito”
que empezó a liderar el joven párroco de la época (*3) y, por otra parte, el Pastor Pentecostal (*4) que había llegado pocos años antes a Pichilemu.
Básicamente la disputa se produjo porque el Pastor, que recorría los campos de la comarca empezó a conocer que algunos varones estaban practicando la “zoofilia” para satisfacerse. Y, pensando que no era lo normal, avaló en cierta forma la existencia y funcionamiento del lugar pichilemino, que por esos años se conoció como “Pénjamo” (*5).
En tanto, el cura párroco empezó -en parte con prédicas- y en los consejos a los jóvenes a no concurrir “ni por nada” a ese centro de perdición ….
Otro de nuestros “protagonistas” (*6), recordó que en una ocasión otros amigos lo invitaron a ver una bailarina espectacular que llegaría en una fecha especial.
Consultado si fue a la invitación, contestó que no; pero que sus amigos dijeron que se había tratado de una de las mismas damiselas que era más habilidosa para bailar y se había caracterizado con peluca y vestuario ad hoc, interpretando solo dos bailes después de una larga espera.
¿Quién ganó la batalla?
No supimos a ciencia cierta si fue el cura párroco o no, pero lo cierto es que el negocio cerró tiempo después, sin saberse si se clausuró por parte de las autoridades o porque la clientela se empezó a alejar productos de los consejos que, de no acatarse, lo más seguro era -como destino final- el infierno …
Sin embargo, debemos señalar que esta referencia es solo ilustrativa. No sabemos, ni menos se conoce de algún caso -de allá- que se haya asociado directamente con el rubro revisteril, del espectáculo del bodevil, donde las figuras y/o artistas son bailarinas y donde, generalmente, la más dotada fisicamente en todo sentido -bonitas formas: estatura y medidas armónicas, como agraciada (*7)- se consideraba vedette, más aún si tenía el talento de cantar. Y, por cierto, tras un paso previo por el cuerpo de baile de un local. Más el visto bueno (o bendición) del dueño del establecimiento para seguir subiendo en la escala al estrellato ...
Una de las tantas anécdotas rescatadas de esos años en Pichilemu, es la que dice que una joven casada con un próspero comerciante, supo que su marido era visitante -de vez en cuando junto a sus amigos- del lugar ya señalado. Y llegó a tanto el chisme que, decidió hacerle una pillada y, tras desaparecer su marido con excusa sospechosa, se preparó y se fue caminando al templo de la perdición ….
De noche, con poca luz en la calle no fue óbice para que tres amigos del marido de dicha mujer la reconocieran a menos de una cuadra del “Pénjamo”, pese a que iba con sombrero y manta gruesa para pasar desapercibida.
Sin embargo, aquellos amigos -entre ellos una respetable ex autoridad, retirada de la política- le preguntó para dónde iba a esas horas. Ella, muy firme y agitada les contestó: “A pillar a mi marido pues ...”.
La ex autoridad y el mayor de los tres amigos le respondió: “Doña …......., nosotros venimos de ahí, …..... su marido (nombrándolo por su nombre de pila) está jugando brisca en el Rex con “el Rucio”, “Don Salva, el “colorado” Saldías y Don Roma” (*8). Le nombró con voz segura como a tres o cuatro amigos comunes ...
La mujer respiró más tranquila y contestó: “Le voy a creer don …..., y si no les importa me devolveré a la casa junto a ustedes. Si no me encuentro con ustedes iba decidida a darle un solo balazo si estaba ahí”, al tiempo que les mostraba un revólver.
Tras ello, uno de los amigos se despidió, dio un pequeño rodeo y se devolvió al “Pénjamo” a avisarle al marido ….
Anécdota que nos contó otro de los “protagonistas” ….

RAPANUI (*9)
Hacia finales de los años '50, recordamos que durante un verano, en día de semana, llegó una pareja a ofrecer su número de baile español al concesionario de la Pista Municipal, a la sazón mi tío Manuel “Manolete” González; pero que administraba nuestro padre.
Por esos años lo usual era mantener música en vivo con una Orquesta de Jazz -que tocaba toda clase de ritmos en boga- y una Oquesta Típica que era para tangos, milongas, vals y boleros. Y un número extra, era un gasto fuera de lo común.
Insistió tanto la pareja diciendo que “no se arrempetiría” y que el número gustaría que querría seguir contratándolo; que finalmente, conversado con el concesionario y administrador se les contrató para el viernes y sábado siguiente.
La pareja se denominaba “Ana María y Alfonso”, quienes en ese tiempo bailaron diversos bailes españoles, algunos de ellos acompañados -aparte de música de long play que traían, incluido el tocadiscos- de castañuelas. Y, por supuesto con cambio de dos o tres vestuarios. Gustaron al público, pero solo estuvieron ese fin de semana.
Años más tarde, también se presentó una bailaora española, en la persona de Luciana, hija de una conocida familia que veraneaba en Pichilemu.
Volviendo más al tema revisteril, en definitiva esta clase de espectáculos llegó a nuestra comuna de la mano del funcionamiento del Rapanui, en el sector costero de Infiernillo, donde confluían la Avenida Costanera y Avenida Millaco, allá en los últimos años del '60 …..
Ahí -se recordarán los más antiguos- funcionaban varias ramadas (*10) con la especialidad en gastronomía en base a productos del mar, hasta que quedó solo la que permitía el funcionamiento de solo una Ramada, tras la compra del terreno por parte de la Municipalidad de Pichilemu, IMP, tras lo cual se empezó a concesionar (* 11).
Sin embargo, después de unos años, el IMP decide vender el terreno, adquiriéndolo la Sociedad Scopessi Gutiérrez (*12). Esta misma sociedad es la que empieza a explotar el lugar en temporada veraniega, trayendo para sus espectáculos, orquestas -jazz y típica- y números revisteriles; donde se nos quedó el nombre del bandoneonista
argentino Juan Cenofoglio, quien posteriormente actuó en programas sabatinos de TV que estaban tomando auge.
Años después, supimos que en su juventud -en una entrevista de un medio escrito- había estado actuando Paty Cofré en Pichilemu, la que desde los 16 años (con permiso notarial) había empezado a incursionar en las tablas santiagüinas.
Quizás la vimos formando parte de la cartelera (* 13), quizás no, por allá en los '70, cuando no era fácil llegar allá, a menos que algún amigo tuviera vehículo, no importando si era auto, camioneta o camión.
En nuestra experiencia junto a un par de amigos, fue en un camión (*14) -sin barandas- donde llegamos una veintena o más pichileminos y veraneantes afirmados unos de otros, mientras por la polvorienta Avenida Millaco se dirigía directo al Rapa Nui.
Conste, que en esa ocasión solo desde la entrada, ya abajo de la escala de hormigón estuvimos viendo el show de aquella noche, a la espera que el dueño del camión con un par de amigos decidiera devolverse al centro y aprovechar su transporte …
En otra ocasión que pude ir, años más tarde -en otro plan- ya estaba funcionando sin show. Solo bailables …..
Sin embargo, nuestro permanente colaborador, Antonio Saldías -que pese a ser menor que el autor de estas líneas, era parte de un grupo de amigos más audaces- recuerda: “A mí me consta la actuación de Paty Cofré en el Rapanui, vi el show completo pero es la única que recuerdo y el tips del presentador, era Boite Rapa Nui, al lado del mar y cerca del cielo”.
Agregando que “esa temporada los dueños dispusieron una micro propia para llevar a la gente, y como era costumbre, había más familia miranda que clientes consumiendo”.

Las Brujas
Coincidencia o no, casi por esos mismos años se instaló en la misma casona donde había estado décadas atrás el “Pénjamo”, una casa de tolerancia aunque la Patente era para Quinta de Recreo, la única que permitía venta de alcohol sin comida, que fue denominada por su regente como “Las Brujas”; local que a poco de funcionar fue rebautizado -por algunos- como “Las cuatro brujas” (*15), porque según decían, había cuatro mujeres poco agraciadas …

La Carmelita
Pasaron varios años, cuando -ya con “toque de queda”- llega la famosa “Carmelita” (*16), la señora Carmen Tello, que tenía Boite en Rancagua, la que se animó a instalar en temporada de verano una Boite -con el mismo nombre- en el local conocido como Hotel Casino (*17); ocupando el mismo espacio donde funciona hoy la Biblioteca Pública en el Centro Cultural Ross.
Funcionó durante unas temporadas con regular éxito, hasta que dejó de venir ….
Una o dos veces estuvimos ahí con el objetivo de hacerle notas a las “estrellas”, pero la verdad que era bastante incómodo porque sus “guardaespaldas” estaban al cateo de la laucha, más preocupados que su artista estuviera para ellos. Y no conversando improductivamente …
Por la medianía de los años '70, el transportista y empresario Francisco Lorca Espinoza (*18) que a la sazón era quien estaba a cargo del espacio -como su concesionario- conocido como la quinta de recreo (*19) “Costa Azul” anunciaba por la prensa que llevaría una serie de números artísticos tanto a la Quinta de Recreo como a la Pista Municipal durante la próxima temporada de verano. Entre ellos, estaba nada menos que la cantante Fresia Soto -que también había incursionado como vedette en el “Bim-bam-bum”, de Santiago- a la cantante colombiana Amparito Jiménez, entre otros artistas conocidos. Pero, la verdad es que no logramos conocer si realmente se concretaron estos anuncios.
Otra de las artistas famosas -y quizás la más aclamada en su tiempo- fue la WENDY. Claro en sus últimos años de actividad y poco antes que sufriera el accidente que la alejó definitivamente fuera de las pistas.
Fue el año '80 cuando llega la vedette Wendy como invitada al show del un Festival en Pichilemu.
Ahí -con poca película en la cámara- pudimos tomarle un par de instantáneas. Pocas fotos, pero si suficiente para captar la figura de un niño “embobado” mirando a la cantante vedette; alejado de los papás que veían el espectáculo.
Casi una década después llega la española -y quizás la más famosa de todas- que deslumbró en la TV y también en su presentación -en vivo y en directo- como invitada al show de coronación de Miss Playa 1988 en la Pista Municipal. Me acuerdó perfectamente, aunque en este momento no de quién resultó elegida como Miss Playa ….
(*20).
De aquello, llegamos a actuaciones esporádicas. Por ejemplo, cuando el Club Deportivo y Cultural “Arturo Prat” se anima a traer a una vedette para celebrar uno de sus aniversarios, ya no con su tradicional Velada Artística (*21). ¿De dónde?, no lo supimos, pero animó uno de sus aniversarios como parte del espectáculo de entonces.
Si bien no asistimos a su presentación, lo consignamos en el periódico “PICHILEMU” días más tarde, al dar cuenta de las actividades aniversarias, del año 1987.
En los 90, también se presentó la Cía del Che Copete con “Los años dorados de la Tía  Carlina” en la Disco Sahara (*22).
Un par de años después, quizás recordando muchos a la “Maripepa”, es la Cámara de Comercio de Pichilemu la que organiza una Vedetón a objeto de reunir fondos para terminar de construir su sede social. Dicha actividad se realiza en las instlaciones de la Tanguería Siglo XX facilitada por su dueño Manuel Becerra Jorquera.
Sin duda, es la más completa muestra de un espectáculo revisteril organizado en Pichilemu.
Sus estrellas fueron la vedette Anisse Lark que hacía furor en establecimientos santiaguinos, como Kabaret 1100, Bar Fabiano Rossi. Lo mismo, la incipiente figura -del Fabiano Rossi- Carla Ferrari y cuerpo de bailarines. Y la artista Ivonne Etiare que -en dos números, folclórico y cantante- todas las cuales deslumbraron a los parroquianos pichileminos que esa noche vivieron una noche diferente. Particularmente los dos o tres pichileminos que se atrevieron a subir al escenario invitado por las vedettes, o el que tuvo el privilegio de sentir en sus rodillas una pícara sentadilla, el aliento o
fragancia de la artista.
También, para la ocasión, se contó con un grupo electrónico -que trajo como cantante a una joven figura sanfernandina- y que amenizó el bailable que antecedió al show y que continuó tras la presentación de los artistas ….
Parte de los organizadores -al día siguiente- pudieron estar con parte de la trupé artística donde se pudo conocer el factor humano de gente sencilla, corriente, que aceptó compartir en un asado en casa de una socia de la asociación gremial; todo lo cual hizo más espectacular esa exitosa experiencia (*23).
Un colaborador -al comentarle en qué estaba- me dijo: ¿Y recordaste a los artistas que pasaron por el Rubí …?
Sin embargo, pese a sus intentos de recordar a las figuras, solo recordaba a varios grupos musicales, que serán materia de otro artículo ….
Lo mismo pasó con Jorge Nasser quien -al pedirle me ayudara a precisar cuándo fue la presentación de Los años dorados ….; nos refirió que el Che Copete había estado antes en el local “Candilejas” en el interior del Hotel City, sin ese número, pero sí con transformistas.
Y, él mismo refirió los shows cuando arrendaba la Tanguería Siglo XX para algunas fechas en períodos invernales; lo que también será parte de un siguiente artículo.
En los años más recientes, la verdad que no recordamos presentaciones de este estilo, sino espectáculos más musicales y de artistas de todos los niveles; que a través del tiempo han visitado este “bosque pequeño” que tantos agradables momentos nos hace recordar (*24).

Notas:
(* 1): Fue un proyecto audiovisual -de 32 entrevistas a hombres y mujeres de Pichilemu- que se realizó el año 2008 y que se difundió a través del Canal 3 TV Pichilemu y por Radio “Entre Olas” FM.
(* 2) y (* 3): El primer curá párroco de Pichilemu fue el sacerdote Orozimbo Fuenzalida y Fuenzalida, nombrado el año 1953.
(* 4): El primer Pastor Evangélico llegado a Pichilemu a finales de la década del '40 fue el pentecostal Luis Torres Méndez.
(* 5): “Pénjamo” fue una canción que cantó, grabó y popularizó Pedro Infante el año 1952 y de ahí -sin duda- nació el nombre para el lugar que comentamos. Y -también- el nombre de la primera Casa de Tolerancia que se instaló en Pichilemu, ubicada al final de la calle Federico Errázuriz, para el lado del Bosque Municipal, en parte de una antigua
casona.
(* 6): Alejandro Mella Galáz fue un pichilemino multifácetico: Garzón (en su juventud trabajó entre otros lugares, en la Quinta “Las Brisas”, donde hoy está el Hotel “Ducal”), obrero en construcción de caminos, “hombre de mar”, instructor de pesca artesanal, Alcalde de Mar, “Rey del Cochayuyo”.
(* 7): Las vedettes generalmente son como se describió; pero hay excepciones donde no siempre la estatura y belleza son lo principal, sino el talento como cantar bien; cosa que no siempre hacen las más bellas ….
(* 8): Parte de un listado más amplio de “amigos pichileminos de la vieja guardia” que ya no están y que no importando la política, credos religiosos o socio-económicos, en ellos prevalecía la amistad; reuniéndose sobre todo en los largos inviernos (“Invierno Cruel”) diariamente a la hora del aperitivo en el “Ducal”, el “Rex”, el “Bristol”,
“Rancho Grande”, “Los Aviadores”, el “Hawaii”, el “Cinzano”, entre otros. Por cierto, no todos a la vez, sino alternándose, y donde en torno a un Clery, un Borgoña (según la estación), o un simple botellón de Macaya se conversaba, se jugaban un Cacho, un Dominó o a la Brisca.
(* 9): La Soc. Scopessi Gutiérrez eran concesionarios de varios servicios de buffets en trenes de Ferrocarriles del Estado, incluido los que venían a Pichilemu; y paralelamente incursionaron con negocios del espectáculo y gastronomía en Santiago: Posada “Tarapacá” (Avenida España) y -en la Feria Internacional de Santiago, FISA- se instalaban con el “Rapanui”. En el último lustro de los '60 compraron a la Municipalidad de Pichilemu el terreno que ésta concesionaba en el sector Infiernillo, al cual al instalar su negocio, lo rebautizaron como “Rapanui”.
(*10): En el lugar funcionaron al menos tres ramadas simultáneamente en los años '50, '60 (una de Manuel Aliaga Ruz, otra de Feliciano Becerra Becerra, y local de Segundo Pino Sandoval); hasta que -al comprar el municipio en el sector- decidió otorgar solo una patente comercial para el concesionario del terreno municipal.
(*11): El primer concesionario fue el comerciante Enrique Romero Lorca, quien construyó la Hostería “Infiernillo” con un diseño arquitectónico, que desde lejos, asemejaba a una pirámide; perdurando así por muchos años, incluido el tiempo en que cambió de  dueños y pasó a llamarse “Rapanui”.
(*12): La Sociedad Scopessi Gutiérrez eran concesionarios de varios servicios de buffets en trenes de Ferrocarriles del Estado y dueños de establecimientos gastronómicos y de espectáculos.
(*13): El “Rapanui” de Pichilemu -como era habitual en establecimientos del ramo- mostraba en una cartelera vidriada, fotografías de sus artistas, entre ellas a las vedettes y/o cantantes en la cartelera (del “cartel”).
(*14): El camión que recuerdo era un Internacional que no tenía barandas, pues era usado para el transporte de sacos de sal, que eran apilados en forma piramidal. En  esas condiciones no era apropiado para el transporte de personas y menos “sentarse” porque su piso permanecía húmedo por la carga habitual. En esas  circunstancias, había que “afirmarse” unos de otros, excepto los que se instalaban en la baranda tras la cabina.
(*15): “Las Cuatro Brujas” era un cuarteto musical del neo folclore de la escena capitalina; pero claramente el nombre que dieron al lugar los pichileminos -campeones en poner sobrenombres- fue porque el personal femenino no era del todo su agrado.
(*16): Carmen Tello era una empresaria de Rancagua que tenía dos o tres locales en Rancagua y Machalí con el nombre de Boite “Carmelita” (*17): El lugar donde funcionó el Hotel Casino es el edificio que construyó don Agustín Ross Edwards para Almacén con artículos importados casi de exclusividad para los clientes del Hotel Empresa “Pichilemu”, donde funcionó el servicio de Correos y Telégrafos. Y las habitaciones en su “mansarda” eran los dormitorios de todo el personal de  su hotel. Ahí, entre el año 1917 al año 1930 funcionó “a la buena de Dios” un Casino de Juegos, como funcionaban -por ejemplo- en Constitución, Talca, Cartagena, Recreo, entre otros lugares. Tras la muerte de don Agustín Ross -el 10 de octubre de 1926- en el año 1935 aproximadamente, el lugar es adquirido por el comerciante de Marchigue, Luis González Osorio, quien lo explota como Hotel, poniéndole como nombre de fantasía “Casino”.
(*18): Regidor entre 1971/1975 (período interrumpido por el Golpe Militar). En declaraciones al diario La Tercera, del día 30 de diciembre de 1976, señala listado de atracciones para sus locales concesionados.
(*19): En Pichilemu funcionaron “Quintas de Recreo” -como “Las Brisas”, “El Rancho  Grande”- durante varios años donde está hoy el Hotel Ducal y Residencial Claris (ex Hotel Claris), respectivamente; pero esas patentes fueron limitadas a lugares más alejados del sector residencial, por los ruidos molestos y, a veces, peleas no deseadas que
surgían dentro o fuera de los locales.
Ello significó que las “Quintas” funcionaron -por ejemplo- en la calle Alcalde José María Caro, al costado de la Bodega Blanca, en el terreno municipal donde está hoy una Planta Elevadora, a pasos de uno de los embarcaderos de botes al costado de la laguna Petrel. La última de ellas, fue la “Costa Azul” en plena calle José Joaquín Aguirre con calle Arturo Prat.
(*20): En el concierto nacional de las estrellas del bodevil o revisteril, los nombres de las hermanas Ubilla (la más famosa la “Pitica”), está Maggie Lay (que hasta hace pocos años se conservaba “de lo más bien” sobre los 50), la Fresia Soto -cantante que incursionó como vedette en el Bim Bam Bum- de Rosita Salaberry -que saltó del baile clásico a vedette, como la show woman Maitén Montenegro, también en el mismo templo santiaguino- incluso la actriz Peggy Cordero -también en la sala de Huérfanos entre Ahumada y Estado. También la cantante de temas tropicales, más
conocida por Wendy. Y quizás la más famosa, la española María José Nieto, traida especialmente a programas de TV. Su incursión en Pichilemu no pasó desapercibida y la retratamos para el periódico “Pichilemu”. Y cómo no, le dimos la Portada (N° 27, del 1988).
(*21): Por varias décadas y de la mano de “maestros” formadores que cooperaban con las instituciones deportivas -a partir de los años '30- se organizaba un programa de festejos para conmemorar cada aniversario. Y entre eso estaba una Velada con números artísticos, bailes, canto, obritas costumbristas, obras musicales, culminando con bailables. Con el tiempo, los clubes deportivos que fueron fundándose hicieron lo mismo, hasta los años '70 donde fueron derivando a shows con la llegada de artistas de la región y capitalinos.
(*22): Si mal no recordamos, la actividad fue en beneficio de las obras de ayuda que hacían las damas de Cordam.
(*23): De esta troupé hay varias anécdotas, donde otra de las artistas fue invitada por un empresario a almorzar, pero algo salió mal y para no herir subseptibilidades quedará  aún “sin desclasificar”.
(*24): A través de estos recuerdos salieron a la luz varios artistas que a través del tiempo han llegado a Pichilemu, invitados a aniversarios de clubes deportivos, a festivales, entre los cuales están …....

Fotografías: Archivos "pichilemunews"-WSG/Pantallazos Mega/Internet-URBATORIVM


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