Miércoles, 02, Dic, 12:52 AM

Fuente: www.pichilemunews.cl – 12.09.2020
En nuestra historia, Pichilemu -aparte de su significado que en lengua mapundungun es “bosque pequeño”- es descrita por algunos historiadores como “un lugar de fiestas y deleites”. Quizás, por ello es que si bien no somos cuna de grandes exponentes en el campo del arte, como un Claudio Arraú, Ramón Vinay, Violeta Parra, Pablo Neruda, solo por nombrar algunos del Ñuble, no es menos cierto que tenemos algunos exponentes por los cuales sentir también legítimo orgullo.

Este mes de septiembre que pasará quizás, como uno de los más opacos en nuestra historia patria, por el maldito bicho, igual queremos recordar y destacar a quienes nos han dado brillo a nivel local, y también, mostrando su arte en escenarios del país y también en el extranjero.
Ramón González Gómez y Zoila Rosa Becerra, por un lado, Ernesto Becerra Becerra y Amanda Vargas González, por otro, en un momento -de vecinos de la comarca pichilemina- se unieron mediante el vínculo que establecieron dos de sus hijos.
En efecto, Óscar González Becerra conquistó el corazón de Zulema del Carmen Becerra Vargas.
Ambos jóvenes aparte de cualidades individuales, tenían talentos comunes que venían desarrollando desde su infancia y que se fue acrecentando y afianzando en sus respectivas Escuela, y ya más jovencitos en las Veladas Artísticas del Club Deportivo y Cultural “Arturo Prat” a partir del año 1939, cuando se fundó. Óscar, como intérprete de guitarra y cantante; Zulema con una bella voz era número seguro, ya a capella o acompañada por otros intérpretes de guitarra o piano.
Tras casarse en los años '50, Óscar y Zulema forman una familia de 6 hijos varones: Óscar, Omar, Roberto, Mauricio, Marco y Nélson; todos los cuales desde su infancia, incentivados o motivados por sus padres, empiezan primero a cantar y posteriormente, uno a uno, a aprender la ejecución de instrumentos. Incluso, algunos, más de uno.

¿Pero de dónde surge ese talento, que ellos han heredado a sus hijos y nietos? Para ello, hay que remontarse a la vida que al margen de sus labores cotidianas, desarrollaron paralelamente talentos que, en mayor o menor medida, traspasaron sino al 100%, la habilidad para incursionar y aprender los secretos de algún instrumento, y la voz para expresar.
Por el lado de la familia González Becerra, Ramón González Gómez por años, al margen de sus actividades del día a día -obrero agrícola, obrero municipal, Paco Azul, ferroviario en vías y obras hasta jubilar, era buscado para cantarle a los “angelitos”, lo que ocurría cuando niños morían por diversas enfermedades. Y, por ello, era frecuente que fuera a cualquier punto de la comuna. De sus siete hijos: Manuel, Leonila, Luis, Ernestina, Óscar, Clara y Virginia; Oscar es quien heredó el talento artístico musical y que se extendió a sus hijos a través de la música.
Pero no solo tenía habilidad en la música. También escribía obras costumbristas, algunas de las cuales fueron representadas por elencos amateur pichileminos. Y, como compositor, creo varios himnos, entre ellos el del Club Deportivo “Independiente” y creó el Himno al Adulto Mayor, el que fue interpretado en el Estadio Nacional en una jornada nacional de adulto mayores en los años '90; himno que fue musicalizado y grabado en cassette, producido en su momento por “pichilemunews”.

En tanto, por el lado de la familia Becerra Vargas, el talento venía de más atrás. En efecto, la madre de Ernesto, Adela, cantaba a capella en reuniones familiares, ahí en el sector de Quebrada de Nuevo Reino, Pichilemu, su tierra natal. Y Amanda Vargas cantaba desde chica junto a su madre Anacleta González en Fondas y en las Trillas en el Campo, como en otras festividades. Incluso, alcanzaron a cantar en la Quinta de Recreo “Las Brisas” que funcionaba en Aníbal Pinto esquina de José Joaquín Aguirre, donde años más tarde funcionó el Bar Restaurant “Ducal” y Hotel “Ducal”, de Rubén Espinoza Moreno, hijo de los dueños de la mencionada quinta de recreo. “Ellos eran del sector de la Quebrada del Nuevo Reino, en Pichilemu; trasladándose posteriormente más al sur oriente, al sector del Fundo El Puesto”, nos cuenta uno de sus nietos y bisnieto, respectivamente, el profesor Mauricio González Becerra. Por su parte, Patricia Becerra aportando a esclarecer con sus recuerdos, señaló: “Según mi mamá me contaba que era cuando ella era jovencita, años 1930 más o menos, mi abuela Anacleta González -que era de Pueblo de Viudas- venían a trabajar a Pichilemu a esa cocinería (se refiere a lo existente antes del “Ducal”). Cocinaban y cantaban (cuando) si se lo pedían. También me contaba y una vez yo la acompañé siendo chica por ahí en el Lingue. Cocinaban y cantaban en Trillas verdaderas ….”.

¿Solo ellos tenían esa vena artística en la sangre?
No. De los hijos de Ernesto Becerra Becerra y Amanda Vargas González, llegan ocho hijos: Raúl, Zulema, Ernestina, Jorge, Elena, Ramón, Marta y Patricia. De ellos, Zulema y Patricia heredan la pasión por el canto; siendo esta última una de las voces que desde los '70 nos sigue deleitando en el folclore y temas melódicos. Su trayectoria, plenamente vigente la tiene animando -excepto este año- cantando en rodeos del país y grabando permanentemente discos CD acompañada de otros músicos. Y sin duda, toda su trayectoria merece espacio aparte.
Uno de sus hijos, al menos -Peter- siguió sus pasos como cantante.
Asimismo, tanto Jorge como Ramón, al margen de sus actividades laborales, fueron intérpretes de guitarra y canto. Al primero, lo recordamos al menos en una Velada Artística formando un trío melódico junto a Óscar González (su cuñado) y al “Cholo” Martínez Jorquera. Y también a Ramón junto a su guitarra.

Años '60, '70
¿Cómo se manifestó el talento musical de los hijos del matrimonio de Óscar González Becerra y Zulema Becerra Vargas?
Ambos, tras sus años juveniles y adulto en participaciones en Veladas Artísticas, años más tarde, más precisamente el año 1977, se constituyen en integrantes del Conjunto Folclórico “Petrel” que se fundo el 14 de abril de ese año. Incluso, Oscar junto a los pichileminos Modesto Carreño Carreño, José Cabrera González y José Miranda Gaete son quienes lo lideran e invitan posteriormente a quienes serían sus primeros socios integrantes.
Más atrás, recordamos que tanto Óscar y Zulema participaron del montaje de la comedia musical “La Pérgola de las flores”, en 1962 en el Cine Royal, donde Zulema, en off, interpretó “Tonada de Medianoche”; obra que contó con la participación de jóvenes estudiantes del Liceo “José Miguel Camilo” y de artistas amateur de los clubes deportivos pichileminos.
Y ya lo esbozábamos en líneas más arriba. Desde muy chicos, sus hijos fueron cantando y aprendiendo la ejecución de diversos instrumentos. Y, según algunos testimonios gráficos, vemos a todo el clan familiar, excepto su madre Zulema, actuando en una Ramada Oficial de los años '80, en la Avenida Costanera. “Y en cuanta Velada Artística que había nos invitaban. Ahí lo hicimos con el nombre La Familia”, nos acota Víctor Mauricio.
Es así, como Óscar se convirtió en intérprete de guitarra y triple; Omar, guitarra y voz; Roberto, quena, zampoña, voz; Mauricio, quena, zampoña, voz, cajón peruano, bombo, cuatro, charango, guitarra, tiple; Marcó, voz, guitarra, charango, cuatro, tiple; y Nélson, bombo y voz.

ÓSCAR “NANCHO” GONZÁLEZ
Como intérprete de la guitarra desde finales de los años '60 ha sido parte de grupos musicales. Participó en el grupo que formó el otrora José Alfredo “Pollo” Fuentes pichilemino, que encarnaba José Raúl Tobar Pavez, quien por esos años no dudó en vender varios animales para adquirir instrumentos musicales para formar su propia “Banda” a la que bautizó con el nombre The Happys.
Ahí tocó por primera vez Oscar “Nancho” González en un grupo electrónico; siendo los demás integrantes: Aldo González y Reinaldo Sánchez percusionistas, Jaime Cáceres (que era de La Estrella, radicado en Pichilemu) tocaba Bajo. Y Raúl Tobar era su vocalista.
Efímera vida tuvo el grupo y éste derivó en dirigente deportivo, donde puso toda su pasión en el fútbol.
Posteriormente -según cuenta “Nancho” González- fue invitado como primera guitarra, a incorporarse al grupo que estaba formando Gastón “Chino” Álvarez, cuyo nombre fue “Barro Seco”. En este participaba Jorge “Coco” Reyes como baterista suplente, Manuel “Lito” Celis como segunda guitarra, y “Castrito” como bajista. Como vocalista en un primer momento estuvo Richard Olivares. Y más tarde Ismael “Negro Pelé” Carrasco. “También me acuerdo que Jaime Huerta actuó en algunas ocasiones como bajista suplente”, nos remata “Nancho” González.
Tras volver a Pichilemu, después de varios años trabajando en otra comuna, el año 1995 me integré al Grupo “Pentagrama”, liderado por el músico rancagüino radicado en Pichilemu, Luis Pérez Molina. “Ahí, Luis Pérez tocaba bajo, Chilo Agüero (de Santa Cruz) tocaba Batería, Manuel Benito Muñoz en los Teclados, yo como primera guitarra. Y como cantante -primero- estuvo Lucho Rojas, y después quedó como vocalista estable Luis Fábres.
Y, en los últimos años, formando parte de Pucará con sus hermanos y familiares.

VÍCTOR MAURICIO
Víctor Mauricio, quien es un destacado profesor, tras ejercer en escuelas de Pichilemu, emigró a Graneros por su labor de maestro; pero paralelamente integró por 4 años el destacado grupo folclórico “Trayen” de Graneros, cuya trayectoria se remonta a 54 años. Igual se dio tiempo para trabajar con otros folcloristas de la zona, entre ellas Patricia Becerra, su tía materna, con la cual junto a otros folcloristas pichileminos grabó canciones de Pichilemu, de Jorge Aravena Llanca. Asimismo, junto a ellos animó Fiestas Patrias en el recordado y hoy desaparecido restaurant santiaguino, el Chez Henry, en plena Plaza de Armas.
Y, ultimamente, volvió a acompañar en la grabación de un CD que hizo Patricia Becerra con tonadas.

PUKARÁ
Pucará o Pukará es una palabra quechua que significa “Fortaleza”. Fue creado alrededor de 1990 por Marco, Roberto y Víctor Mauricio. En sus inicios participó Pedro Pablo Pavez Caro, y los hermanos Luis, Marcelo y Claudio Rojas Catalán. “También estuvo José (apellido que no recuerdo), un integrante que estuvo un año en que tocamos en el Gimnasio, cuando fueron Los Prisioneros (sin Jorge González) y la Nicole, entre otros artistas a Pichilemu.
Me recuerdo muy bien, pues fui invitado como jurado en el Festival veraniego de ese año”, nos dice Víctor Mauricio al pedirle el nombre de los integrantes originales.
Dándonos más detalles, nos dice: “Posteriormente, por razones de trabajo de cada uno, nos separamos. Y tras mucho tiempo, el año pasado después de 20 años nos volvimos a juntar, aunque no con todos los integrantes originales. Como la familia creció y varios retoños, los incluimos, actuando en el Centro Cultural “Agustín Ross” y el Show de la Semana Pichilemina con bastante éxito; pero por el tema de la pandemia hemos estado sin poder seguir en forma como lo teníamos planificado”.
Consultado por los nuevos integrantes, Mauricio nos dice: “Se incorporó Ricardo González Moreno (hijo de Óscar), guitarra, charango, tiple, voz.. Marta Luengo (esposa de Marco), voz, bombo, pandereta, chaime. Como dije, nos juntamos después de 20 años y habíamos iniciado un trabajo más constante, pero se ha pospuesto por la pandemia; pero, por cierto, normalizándose la situación obviamente que intentaremos reunirnos todos, lo que por ahora es poco posible”.
Es necesario precisar que, por la ley de la vida, la matriarca Zulema falleció el año 2004, y el patriarca Óscar le siguió el 2016.
Como ninguno está para precisar algunos datos, y sin querer polemizar, buscamos en nuestros archivos una información en el Diario “La Tercera” sobre la creación de un grupo musical.
En efecto, el 9 de agosto de 1975, hace 45 años, publicamos la noticia que la Familia González Becerra había formado un grupo musical para interpretar música con repertorio nortino. En esa ocasión, pese a que su debut estaba anunciado para el 15 de agosto siguiente, en una Velada del Club “Arturo Prat”, aun no se definían por un nombre.
¿Fue finalmente Pucará el nombre adoptado?
Al corroborar, esta información, Víctor Mauricio nos precisó que en esa ocasión se presentaron como Grupo “Semilla”. Y, después, según el lugar actuaban como “La Familia”.

POESÍA & CANTO
Como la pasión de tocar y cantar siempre está latente y también ayuda a reunir recursos para la educación de los hijos, Marco Antonio junto a su esposa Marta, crearon el Dúo “Poesía y Canto”, donde con el repertorio de Violeta Parra, Patricio Mann y Víctor Jara, entre otros, por varios lustros han llevado su música por diferentes establecimientos del rubro gastronómico. Y también como artistas callejeros en puntos estratégicos y, algunas veces, considerados en actividades oficiales.

LOS RETOÑOS
Ricardo González Moreno (hijo de Óscar Jr.) es intérprete de guitarra. Y como tal se integra a los Pucará, como también refuerza esporádicamente las presentaciones de Patricia Becerra junto al arpista Elías Yáñez Ramos. Y en otras ocasiones junto a su tío Marco y su esposa Marta, conforman tríos, según sean los requerimientos de la institución o productor contratante.
Cristóbal González Ramírez (hijo de Víctor Mauricio) es intérprete de Clarinete bajo en la Orquesta Sinfónica de Chile. Y, paralelamente, ha sido integrante junto a otros intérpretes de esa agrupación de música docta, miembro de un grupo de Tango “Alevare”. Tras unos años, fundaron el grupo melódico de boleros “La Flor del Recuerdo”, del cual es su fundador, creador, director y arreglador de la agrupación, aparte de ser intérprete de Requinto.
Con este grupo han actuado por los principales escenarios capitalinos, como del país. E, incluso, fueron invitados a México, donde fueron sensación. En tanto, en el país han actuado acompañados del maestro Roberto Bravo, de la bolerista Carmen Prieto, entre otras voces de excelencia.
Cabe recordar que, no obstante a que desde su infancia aprendió la ejecución de órgano, piano, el año 2000 al crearse la Banda Instrumental Municipal de Pichilemu, con alrededor de 11 años, destacó en la ejecución del Clarinete, con el cual se perfeccionó en Rancagua y en la Escuela Moderna de Música, hasta audicionar y postular, primero, a la Orquesta Sinfónica de Concepción, en la que quedó. Y, posteriormente, dio el salto a la Orquesta Sinfónica de Chile donde permanece casi una decáda a lo menos.
Por el lado de Omar, quien interpreta guitarra y es una de las voces del grupo familiar, en su juventud fue fiel exponente de Leo Dan y se presentó en cuanta Velada había en la comuna. Y de sus hijos, está Cristian “Punto” González Cordero, quien aparte de ser un surfista, es guitarrista del grupo pichilemino “Deminina”, que participa de performances y tocatas, como también han sido teloneros en festivales de surf rock playeros.
De Roberto, pese a que a juicio de su tío Víctor Mauricio, sus sobrinos “tienen buen oido”, ninguno participa de grupos musicales.
De los dos hijos de Marco, Simón Alonso, que es ingeniero en diseño industrial, toca Bajo, pero no participa en ninguna agrupación musical.
Nélson, toca bombo, es soltero y participa generalmente cuando se trata de una actividad musical solidaria y/o en beneficio de una causa noble.
Lo mismo ocurre con todos. Cuando se les solicita la cooperación o alguna actividad familiar, por muy tristes que sean las circunstancias, ahí están con sus canciones para despedir al ser querido.

¿Hay más retoños?
Hay más y, seguramente seguirán surgiendo per se, aunque no sea generación tras generación. Más aún, aunque se salten y por otras ramas, pues otros tres nietos de Ramón González, sin que estos hayan pasado a lo más de aprender a “puntear” algunas canciones en guitarra y golpear con mucho esfuerzo una Caja en una de las Bandas de Guerra de la comuna, ninguno de sus hijos tocó o hizo tocar “ni un petardo”, tienen hijos y nieto que aunque no todos están activos, al menos uno junto con enseñar música y ejecución de flauta traversa y saxofón, permanentemente está siendo invitado a participar en grupos que acompañan a artistas internacionales que actúan en el país.
Claro, los apellidos en algunos ya se han ido perdiendo; pero las raíces de su origen los conectan, la veta artística de una u otra forma les ha llegado; agregado a ello, en menor o mayor medida, el incentivo y motivación de sus padres.

Fotografías: Archivos "pichilemunews"/Familia González Becerra/Facebook


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